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COCAINA: I WILL SURVIVE

Embarazo y cocaína
El uso de cocaína en mujeres embarazadas representa RIESGO, riesgo en muchas formas, para la salud de la madre y del bebe, sin embargo muchas de ellas se animan a hacerlo durante el embarazo, ¿sabrán sobre las consecuencias o el impacto que podría tener esta decisión en sus vidas?, ¿Qué las lleva a seguir haciéndolo? Bueno, seguramente será la propia adicción la que las lleva a hacerlo y otros factores que acompañan estos problemas como depresión, violencia, trastornos de personalidad, entre otros.

La cocaína puede causar alteraciones estructurales del Sistema Nervioso Central fetal y un deterioro de la función neurológica del neonato. No obstante, existe controversia sobre la magnitud de estos efectos.

En un estudio de 17 466 embarazadas en Illinois, Estados Unidos de América, las madres adictas a la cocaína tuvieron un riesgo aumentado de retraso del crecimiento intrauterino, usualmente asociado con microcefalia (tamaño reducido de la cabeza), debido al paso transplacentario reducido de nutrientes. También mostraron una mayor tendencia al parto prematuro y al desprendimiento placentario como resultado de un aumento de la contractilidad uterina. En los últimos 5 años, varios estudios sobre las manifestaciones clínicas posnatales de la exposición a la cocaína in útero han revelado la presencia de un síndrome neurológico transitorio y de poca gravedad caracterizado por alteraciones del sueño, temblores, rechazo de la alimentación, irritabilidad y, en algunos casos, convulsiones.

Este cuadro se acompaña de anormalidades electroencefalográficas (evaluaciones neurológicas que miden la actividad cerebral) que se resuelven espontáneamente entre el primero y sexto mes de vida. Algunos estudios también han demostrado un mayor riesgo de síndrome de muerte súbita del neonato. Los efectos a largo plazo de la cocaína en el desarrollo neurológico y cognoscitivo aún se desconocen, debido a la dificultad de cuantificarlos con las pruebas convencionales.

Según estadísticas recientes derivadas de hospitales urbanos en Argentina, de 10 a 45% de las embarazadas que son atendidas en estos centros han usado cocaína durante la gestación.

Aunque la historia clínica suele ser útil para detectar la exposición materna a drogas durante el embarazo, la medición de los metabolitos circulantes en los vasos del cordón umbilical es más confiable, ya que muchas madres niegan su drogadicción.

La única limitación del método es que solo refleja una exposición reciente. La medición de cocaína o sus metabolitos en la orina de la madre o el neonato posee la misma desventaja. En cambio, la cuantificación de los depósitos de estas sustancias en el pelo del neonato permite detectar cualquier exposición transplacentaria en los últimos 3 o 4 meses del embarazo, que es cuando el pelo empieza a salir. Por último, se pueden medir los metabolitos de la cocaína en el meconio, caracterizada por ser una sustancia espesa, pegajosa y de color negro verdoso (primeras heces del recién nacido). El meconio se compone de líquido amniótico, moco, lanugo (vello fino que cubre el cuerpo del bebé), bilis y células que se han desprendido de la piel y del tubo digestivo.

Fuente:
http://www.scielosp.org/scielo.php?pid=S102049891997000300018&script=sci_arttext
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/medlineplus.html

Alcohol: porque él bebe lo que tu bebes

Alcohol y embarazo
Beber alcohol durante el embarazo puede perjudicar a la descendencia de forma permanente, refieren los estudios. Ahora, los experimentos en ratones sugieren que esto puede ser porque el alcohol altera químicamente el ADN del feto.

Es bien sabido que el síndrome de alcoholismo fetal se produce cuando las mujeres embarazadas beben en exceso y causa daños físicos y de comportamiento para el niño después del nacimiento. Pero sabemos poco sobre los mecanismos moleculares que subyacen a la enfermedad.

Estudios previos han demostrado que los factores en el entorno de la madre durante el embarazo pueden causar "epigenética" modificaciones en el ADN del feto. Estos no alteran el código genético en sí mismo, pero podría cambiar ciertos genes dentro o fuera, o aumentar o disminuir su expresión.

Para ver si el consumo de alcohol en una madre podría afectar la manera en que los genes se expresan en su hijo, Suyinn Chong, del Instituto de Investigaciones Médicas Queensland (Australia) apareó a dos ratones hembras de piel amarilla con dos machos de piel marrón.

Esto, aparentemente daría lugar a una descendencia marrón, amarilla y con pintitas, a menos que cambios inducidos por el ambiente afectaran la expresión de los genes. A las ratonas embarazadas se les dio para beber alcohol en vez de agua durante la primera mitad del embarazo. Cuando el equipo analizó los ratones recién nacidos, se encontraron con el doble de ratones marrones de lo que ellos esperaban. “Esto significa que al alcohol afectó el genoma de los ratones, controlando qué genes se encienden o se apagan”, explicó Chong. Como el gen de color de piel no es relevante para los humanos, el siguiente paso fue estudiar el ADN de las células de hígado de los ratones. Los investigadores detectaron 15 genes que habían sido alterados para incrementar o disminuir su actividad en ratones cuyas madres bebieron en el embarazo. De hecho, los ratones lactantes expuestos al alcohol en el útero causa efectos negativos para toda la vida”, concluyó Michele Ramsay, genetista de la Universidad de Witwatersrand.