sábado, diciembre 31

INTENTANDO SER UNA PRINCESA


Ya casi es de noche. Entro a mi habitación. Esta vez no prendo las luces y camino muy despacio hacia mi gran espejo. Me detengo frente a él y lo miro fijamente, como siempre lo he hecho, levantando mi rostro y sonriendo, pero ahora mi mirada es distinta: ya no luce como antes, ya no parece tan vacía. Retrocedo algunos pasos y me acuesto en mi cama empezando a recordar.

Todo empezó aproximadamente hace 2 años. Era un día de verano y faltaban pocos días para volver a estudiar después de las vacaciones. 

Todo era estupendo. Vería más seguido a mis amigas y saldríamos a conversar sobre todo lo que habíamos hecho en este tiempo.Yo había notado que había subido un poco de peso en las vacaciones, pero era algo a lo que no le daba importancia hasta ese entonces. Pero un día, cuando salí con mis amigas a pasear, entramos a una tienda de ropa y comenzamos a ver lo nuevo que había en ella. 

Estábamos muy alegres y nos reíamos mucho, cogimos varias prendas y nos fuimos a los probadores. Cada una de mis amigas salía y preguntaba al resto: “¿cómo me queda?, ¿me veo bien?”. La verdad es que a todas se nos veía muy bien con la ropa que usábamos, éramos las más populares del colegio, pero Luciana ahora era la que más destacaba: ella tenía el cuerpo más bonito. Creo que había estado yendo al gimnasio en el verano.

Cuando quise probarme un polito que me parecía muy lindo porque tenía un corazón estampado noté que me apretaba un poco en los costados, pero igual salí del probador para recibir los halagos de mis amigas. Cuando me vieron ellas sonrieron. Al comienzo me dijeron: “te queda bien”, “que lindo tu polito”. Yo les decía: “creo que si me queda bien”, pero Luciana sonrió y dijo en un tono malintencionado: “tienes mucho corazón, como que bájale un poco a las harinas”. Todas se rieron y me sentí un poco avergonzada. Desde ese día le comencé a prestar más atención a mi peso y mi figura.

Ese mismo día cuando estuve cerca a mi casa me fui a una botica para pesarme en una de esas balanzas electrónicas y me sorprendí bastante cuando vi que tenía 4 kilos más de mi peso normal. En ese momento comencé a recordar y pensar que había pasado. Pensaba que era porque en el verano no hice ningún deporte, estuve visitando más seguido a mi familia y había muchas reuniones y almuerzos. En verdad había descuidado un poco mi apariencia.

Esa misma semana comencé a buscar una dieta que me ayude a bajar esos kilos de más. Me alegré porque mis amigas también me apoyaron y me daban algunos tips sobre la cantidad de agua que podía tomar o las cosas que no podía comer. Durante las primeras semanas de la dieta llegué a bajar un kilo, por eso me premiaba los fines de semana y salía con mis amigos o almorzaba muy bien con mi familia pensando siempre “el lunes retomo la dieta”. Además del colegio también había empezado a estudiar inglés por las tardes y tenía muchas cosas por hacer. Las tareas me hacían estresar mucho, por eso para relajarme y concentrarme mejor siempre tenía algo en mi mochila para comer. Claro que era algo saludable como frutos secos, pero a veces por mis ansias compraba papas fritas o piqueos, pero sólo a veces.


Bajé y subí de peso durante todo este tiempo, pero también me daba cuenta que seguía pesando casi lo mismo desde que inicié la dieta y eso me daba mucha cólera. Era injusto que haya estado haciendo varias dietas y haberme esforzado y no haber logrado bajar más de medio kilo. Me sentía tan mal. Poco a poco comenzaba a verme más en el espejo, tocándome y aplanando mi estómago y  comencé a pensar que me veía fea,  que ya no era la misma de antes, que nadie se iba a fijar en mí y eso me daba mucha pena. Muchas veces cuando llegaba de estudiar me encerraba en mi habitación y me ponía a llorar. Mirando a mi espejo pensaba que yo solo quería  ser como las demás, quería verme mejor. Sólo quería ser una princesa… (Continuará)

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