martes, enero 12

CAZADORA DE MIEDOS

Tengo 28 años y me siento muy sola en mi habitación con el último paco por armar, ya van como 120 durante toda la noche y mi cuerpo pide más,  me es imposible dejar de armarlos y consumirlos, prender el próximo genera en mí mucha ansias, así como cuando deseas algo especial. Al costado mío también está las dos botellas de chata de ron que suelo tomar cuando estoy en consumo.  Mi cuerpo no se siente bien, estoy al borde del colapso, sumergida entre dolores de cabeza que no me dejan, siento que la cabeza me pesa mil kilos, no la soporto, todo mi cuerpo está débil y me tiembla, por momentos pierdo el conocimiento, pero al despertar encuentro el paco por armar en mi mano, y las botellas de ron a medio consumir. Sola, así me siento y así estoy, sin nadie a mi lado. De pronto, un gran miedo ingresa en mí, un temor que no quiero que regrese pero regresa cada vez que estoy con la pasta encima, esta maldita droga es una cochinada, no sé por qué lo hago, no lo sé, si me hace sentir tan mal.


En ocasiones no entiendo mi comportamiento, es estúpido, siento que estoy loca. Hace unas semanas me diagnosticaron TBC pulmonar. El doctor dice que es una de las más fuertes. Empecé muy bien, me alejé del consumo por una semana pero hoy no me entiendo, busco encontrarme pero solo encuentro mis miedos. Empiezo a ver que toda mi vida pasa frente a mis ojos, cada recuerdo, cada situación, momentos de niña. Claramente aparecen como recuerdos vividos frente a mí, el maltrato, la violencia de mi padre.  “No lo hagas, No lo hagas. ¡Maldito la vas a matar!, ya déjala vas a matar a mi madre”.
Odio eso, recordar a mi padre me genera odio. Desde niña quise enrolarme a los terroristas y volver a casa para hacerla volar en mil pedacitos. Nunca lo pude hacer. Siento que él me daño la vida, me la marco de odio y  muchos miedos.


Mis hijos, a mis hijos no los veo, supongo que me dejaron por ser una maldita adicta. Empiezo a sangrar por la nariz, esto no se detiene, ¿qué me pasa?, me siento tan débil para ponerme de pie y pedir ayuda. Sé que es el último paco, por favor solo el último, mi corazón empieza a latir muy fuerte, veo como sobresale mi pecho con cada latido, cada vez es más fuerte.  CALMATE! CALMATE!, Maldita fumona tienes que calmarte, esto tiene que pasar .Trato de estar calmada, trato de tranquilizarme. No me quiero morir, no quiero .No quiero morir, me da miedo morir. AYUDA!… ¡Necesito Ayuda! ya no soporto. En un inicio consumía para olvidar mis miedos y penas, ahora la consumo para que estos miedos no me devoren, ellos solo se calman cuando estoy con la maldita droga al lado, me han sometido, esta maldita droga me está consumiendo, me tiene en un hoyo, me controla …

No puedo Sola. 

lunes, octubre 26

LA FAMA DE ARIEL

Ariel es actor, seductor, conquista a las mujeres que quiere, viaja constantemente, tiene libertad y algo más… ¿suena atractivo verdad? ¿Cómo lo hizo? A simple vista podemos creer que lo tiene ¡todo!... hasta un grupo musical, ¿Es suerte?, ¿sucede que su papá también es actor?, ¿Es guapo y por eso tiene fama? Son algunos de los comentarios que se escuchan de Ariel; las quinceañeras sueñan con que sea su chambelán, otras no se pierden un capítulo de la serie en el que sale y otras concursan para tener una cena con él. ¿Pero quién es Ariel? se ve tan feliz; ¿En verdad lo será? Conozco a Ariel y puedo dar credibilidad que lo que le ocurre es muy parecido a la famosa frase: “La fama no lo es todo”.

Sucede que Ariel vive atrapado en un mundo complicado, pelea con su padre que toma alcohol casi siempre; podría decir que su casa es un caos, sus padres discuten a menudo, odia a su hermana, como él dice: “Carol es la hijita consentida de mi viejo”. Ariel siente cólera por todo lo que pasa, su frase típica es: “Me llegan todos, mejor viajo…” es así como él llama a la acción de prender su marihuana y perderse en esa realidad, buscando disipar su tensión y así escapar de lo que no le gusta; el lugar perfecto es su habitación, en soledad y con una vista amplia de la ciudad desde su ventana, nadie lo molesta; ahí entierra sus miedos, es como si anestesiara sus sentidos, “Al fin paz”, expresa. Sin embargo, hay alguien por quien él se preocupa, abraza, le da tranquilidad y le brinda atenciones, cuidando de que lo vea siempre bien. Ella es Lucía, su hermana de tres años de edad, quien a su corta edad empieza a darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor.

¿Qué piensas del mundo real de Ariel? , ¿Qué harías por él?

lunes, octubre 5

EL JUEGO DE MI VIDA

Fue un día cuando los juegos me cambiaron la vida. Nunca había sentido tal sensación… tener en mis manos el dominio sobre los personajes que yo quería, imaginaba mis estrategias y jugadas, a veces me amanecía pensando mi siguiente jugada, no quería detenerlo, cada vez me entusiasmaba más, y no veía la hora de colocarlas en práctica. Mamá exageraba todo, es cierto que baje mis notas, pero para eso estaban los exámenes finales, una buena nota ahí, te subía todo… lo de las faltas… es que a veces iba con unos amigos a jugar en el internet y no íbamos al cole, pero el profe entendía “que mamá no se sentía bien y no podía dejarla sola”; algunas veces había dinero en la mesa, en la cómoda, en la vitrina…si lo dejaban por ahí, era para una “urgencia” y mi urgencia era una media hora o una hora de juego… cuando pueda lo devolvería. Lo que no entendía que algunos amigos se alejaron de mí, decían que me había enviciado en el juego, y no era así, yo creo que estaban celosos pues les ganaba en todos los juegos; se alejaron de mí… en fin, tenía más amigos en la red, y compartíamos el mismo lenguaje “gamer”.


Así transcurrió varios meses, todo estaba “bien” para mí, pues sabía mis jugadas, mis estrategias, me buscaban para hablar conmigo para que les enseñara a jugar o incluso pasarles su juego, de esa manera ya tenía dinero para mi juego…pero llegó un momento donde me sentí cansado. Las cosas en casa ya eran difíciles, solo recibía gritos y amenazas de mis padres, incluso me sacaron del cole porque ya iba a repetir de año… intenté muchas veces cumplir las promesas que le hacía a mi mamá, “te prometo que hoy no jugaré”, pero esa sensación de que me faltaba algo, volvía aparecer, me mordía las uñas, trataba de distraerme con la tele, pero peor…más ganas me daban de jugar, y así rompía las promesas. Me era difícil dormir, era como si los personajes de todos los juegos que juagaba, aparecían en mi mente y hacían de mi lo que querían, es como si ellos tuvieran el dominio de mi ser… y así pasaba las madrugadas, despertándome a cada rato, llegaba hasta las lágrimas porque ya no quería estar así, estaba muy cansado y triste; mis padres estaban preocupados…baje de peso, ya no quería bañarme, me aleje de todo y todos… es que solo pensaba en el juego y no miraba las cosas que pasaban a mi alrededor.



Ahora, sentado en mi cama, recuerdo todo lo que perdí y todo lo que me quitó el juego… Es de madrugada y sé que necesito ayuda, ya no quiero seguir de esta manera, solo espero que aún no sea tarde para mi.

jueves, septiembre 24

Espero que me quieras, como yo te quiero a ti (2da parte)


Él me llamó y me dijo que me amaba; y el tiempo se detuvo un instante. Escuchar su voz me hacía tan feliz, sentía que mi cuerpo se estremecía y se erizaba mi piel como cuando me besaba y me tomaba de la mano. Y en ese breve momento volví a sonreír después de todos estos días tristes y que no nos pudimos ver. Pero cuando deseaba contestarle, sentí como todo se desvanecía poco a poco; y lentamente se borraba mi sonrisa, y con ella se iba mi alegría y mi fe. Al abrir mis ojos y despertar a mitad de la madrugada; era obvio que se trataba de otro sueño que comenzaba y otro día que terminaba y seguía estando lejos de él.
Durante el día, estando en casa, quería saber cómo estaba Julio, por qué no entraba al Facebook ni respondía mis mensajes del WhatsApp que le había enviado hace unos días. ¿Dónde estará?, ¿Se habrá olvidado de mí? ¿Ya no me querrá?, me preguntaba y suspiraba. Muchas veces pensé en ir a su casa, estaba ansiosa por ir a verlo y arreglar las cosas; pero el resentimiento luego de la última pelea fue mayor y no lo hice. Todas mis amigas me decían que lo dejara, que había varios chicos a los que les gustaba, pero en el corazón no se manda; yo necesitaba a Julio junto a mí. Hasta que en esa tarde por fin me llamó y sólo me dijo que quería conversar conmigo. Un mar de dudas se apoderó de mi mente. Y quería que las horas pasen y sea de noche para poder verlo. Llegó el momento y nos vimos en la playa, era una bonita noche despejada y no hacía mucho frío. Cuando lo vi, lo noté diferente y distante; pero eso no me importaba. Sus ojos bonitos ya no estaban rojos, es decir ya no estaba fumando marihuana, eso me ilusionaba, me hacía sentir muy contenta y alegre y solo quería creer que todo iba a cambiar.

Me hablaste de muchas cosas que pasaron en estos días, tus padres encontraron la marihuana en uno de tus pantalones y en tu habitación, tu papá quiso pegarte y botarte de la casa pero tu mamá te defendió. Esa fue la gota que derramó el vaso en la relación de ambos, tu mamá quería llevarte vivir con su familia al norte. Mientras me contabas todo, fue la primera vez que te vi llorar, nunca antes te había visto así, y se me rompió el alma. Me decías: “Te necesito ahora conmigo, no sabes cuánto Jimena, pero tampoco quiero herirte, siento que todo esto es por mi culpa, no sé qué hacer, quisiera irme pero mi mamá está devastada no puedo abandonarla”. “Hoy día me voy de viaje con ella, por eso quise verte para despedirme”, “perdóname por todo lo que te hice”, “Te voy a recordar todos los días, te quiero mucho”.

Comencé a recordar rápidamente todos los momentos que habíamos pasado juntos; y lo abracé tan fuerte, porque sabía que tenía que irse y yo no quería, que deseaba que ese momento se detuviera en el tiempo y él esté conmigo para siempre. Mientras caminábamos por la playa, yo seguía llorando aunque me decías que sólo sería por unas semanas, hasta que todo se calme y tus papás se reconcilien. Nos prometimos seguir comunicándonos. Y también me prometiste, al igual que a tu mamá, que no volverías a fumar, que buscarías la forma de controlarlo.

Yo pensaba en que pasaría ahora, y a pesar de estar con él me sentía tan sola, como si me faltara algo, y mi mente se preguntaba ¿Se solucionarán sus problemas?, ¿Acaso tendremos un futuro juntos?, ¿Volverá por mí?; mientras nos alejábamos de la playa le pregunté ¿Cómo te ves de aquí a un año?; me miró fijamente y dándome un beso en la mejilla, me susurró al oído “contigo”.

Eso fue lo último que me dijo antes de despedirnos. Ahora yo sé que tú me quieres, pero yo me noto diferente, ahora yo siento que te amo. (Continuará…)

viernes, septiembre 18

MUERTE DE UNA INOCENTE

Fui a una fiesta mamá, y recordé todo lo que me dijiste.
Me dijiste que no tomara, mamá, así que solo tomé una gaseosa.
Me sentí muy orgullosa de hacerlo, mamá, tú me dijiste que así me sentiría.
No tomé y manejé, mamá, aunque muchos me decían que no lo hiciera.
Sé que hice lo correcto, sé que siempre tienes la razón.
Ahora la fiesta está terminando y todos manejan sin saber cómo.
Al subir a mi carro, mamá, yo sabía que llegaría a casa sana y salva. Por la manera tan dulce y responsable que me has criado.
Empecé a dirigirme a casa, pero al entrar en la avenida, el otro carro no me vio, mamá y se estrelló contra mí.
Ahora echada en el pavimento, mamá escucho al policía decir que el conductor del otro carro está borracho, mamá, y soy yo la que va a pagar por todo esto.
Estoy acá muriendo, mamá… quisiera que estuvieses acá conmigo, ven pronto…
¿Cómo me pudo pasar esto? Mi vida reventó en un segundo como un globo.
Hay sangre alrededor mío, mamá, y casi toda es mía. He escuchado decir al médico que moriré en poco tiempo.
Solo quería decirte mamá, que yo no tomé, te juro que no lo hice. Fueron los otros, mamá, los otros que no pensaban.
Seguro que el que me chocó estaba en la misma fiesta que yo. La única diferencia es que él sí tomo y soy yo quien va a morir.
¿Por qué toman? ¡Pueden arruinar toda una vida!
Siento fuertes dolores, mamá, son como cuchilladas.
El chico que me chocó está caminando, mamá, no creo que sea justo. Yo estoy acá muriendo y todo lo que él puede hacer es mirarme fijamente.
Dile a mi hermano que no llore, dile a mi papá que sea fuerte. Y cuando vaya al cielo, mamá, por en mi lápida “la hija de papá”.
Alguien debió decirle, mamá, que no tomara si iba a manejar, si se lo hubieran dicho, yo viviría.
Casi no puedo respirar, mami, tengo miedo. No llores por mí, siempre que te necesité estuviste a mi lado.
Solo una última pregunta antes de despedirme. ¿Yo no tomé y maneje, entonces por qué soy yo la que tengo que morir?
Este es el fin, mami. Me gustaría poder verte a los ojos y decirte. Te amo, y adiós. Tu hija. 
 ANÓNIMO 

lunes, septiembre 7

¿Y qué sucede en casa?

“Mi hijo ha cambiado, todo los días después del colegio sale a la calle a juntarse con sus amigos regresando de noche a casa, cuando se le pregunta ¿dónde ha estado?, ¿qué ha estado haciendo? se molesta y solo atina a decir otra vez lo mismo …déjame tranquilo mamá, ya no soy un chiquillo, es mi vida no te metas; prefiero no decirle a mi esposo porque es violento ya en otras ocasiones le ha pegado a mi hijo…pienso que mi hijo tiene problemas en la calle, es un chico violento….. algo le sucede”.

El modo como se desarrolla la convivencia en el hogar se convertirá en el modelo en la cual sus integrantes responderán, se vincularan con el entorno. 
En un escenario donde se carece de elementos de diálogo, comunicación asertiva, respeto, caricias positivas, fomentación de espacios recreativos, entre otros, se convierte en una caldera de innumerables sintomatología de conductas disfuncionales. ….como le ocurre a Mary, la protagonista de este relato.

Como acercarte a tu hijo:
  • Cuéntale como resolvió Ud. un problema cuando era adolescente, a lo mejor se anime a opinar
  • Genera el momento donde se pueda retomar el diálogo.
  • Respeta su espacio, no invadas su privacidad.
  • Establezca reglas y asegúrese de que su hijo las entienda.
  • Deja que su hijo exprese lo que piensa sobre las reglas familiares
  • Además de tomar en consideración los sentimientos de su hijo, exprésale tus preocupaciones para que en conjunto puedan tomar decisiones


lunes, agosto 31

ABUELO...

Un tiempo atrás, una persona que conocí desde pequeño empezó a cambiar, pero su cambio era diferente al de otros niños. Cuando él tenía 5 años vivía con sus padres, salía al barrio a correr, a jugar pelota y hacía travesuras… como todos los niños. Él fue creciendo, hizo amigos, le iba bien en el colegio, seguía jugando, era divertido, la verdad era bastante hábil, luchaba por sus objetivos, era de esas personitas que no se rinden y esa característica hacía que él pueda ayudar a los demás niños y ellos se lo agradecían. Sin embargo, pasaron algunos años y el comportamiento de ese niño cambio radicalmente… ya nada fue igual. Ya no salía tanto con sus amigos y por más que ellos lo buscaran, cuando salía era como que no tenía la confianza de antes, estaba alejado de los otros, estaba triste, ya no era el mismo. Un día escuche que su madre lo acompañaba al colegio, al parecer había recibido quejas de él, no recuerdo bien que quejas, lo que si recuerdo es que un día los vi a ambos pasar por la calle y cuando entraban a casa, ella estaba llorando y le decía a su hijo que iban a salir de esto, que juntos iban a poder; quise ayudarlos, decirles algo, pero me dio vergüenza acercarme. Recuerdo que ese día, desde mi ventana y sin poder hacer nada, vi a aquel brillante niño, con lágrimas en los ojos, como se despedía de sus amigos con una mano y con la otra cogía la mano de su madre, mientras ella llevaba una maleta grande y con ruedas… ese niño no viviría más en el barrio y su madre tampoco, fue un día triste para todos y muy triste para mí.
Un tiempo atrás conocí a un hombre, él me vio desde que era un bebe, yo no tengo recuerdo de eso pero mi madre me lo dijo. Él era un hombre que salía a trabajar y cuando llegaba a casa abrazaba a su esposa, era genial, jugaba conmigo y con mis amigos, era muy fuerte, siempre sonriente, el inspiraba confianza y nunca me dejaba rendirme; siempre me decía que yo podía hacer todo lo que yo decidiera y al parecer él podía hacer todo lo que se proponía. Pero luego de unos años todo cambio con ese hombre. Él salía hasta muy tarde, no regresaba a la casa por varios días… yo sabía que algo pasaba, mi mamá lloraba todos los días y yo estaba cada vez más triste, sin ganas de nada. Un día fui al colegio con mi mamá, la verdad que no me iba bien y me dijo que ya no iría a ese colegio, que viviríamos en otro lugar y que juntos saldríamos de esto. Llegó ese día, me puse a llorar, mis amigos jugaban, yo me despedí de ellos y ellos de mí, ese hombre estaba en mi ventana pero cuando voltee a despedirme de él, solo vi una botella, esa maldita botella y me fui con mi madre.

Un día, mientras estaba en la oscuridad de mi casa, escuche a lo lejos unos pasos y a dos personas que hablaban en voz baja, mi puerta estaba junta, no alcancé a cerrarla. Un hombre entró a mi casa, y con él la luz por lo que no podía ver bien, yo estaba resaqueado y no salía de casa varios días. Ese hombre me dijo – Papá, ¿estás bien? – Eran los ojos de aquel niño brillante, mi hijo. Era mi hijo que, mientras alejaba una botella de alcohol de mi mano, con voz segura me decía – Papá que bueno encontrarte, quiero decirte que aún es posible salir de esto, si tú lo decides puedes lograr lo que sea – Yo no sabía que decir, no lo veía hace varios años, me pregunté qué hacía acá, después de haberlo dejado, de haber maltratado a su madre, después de haberlo insultado… escuché de nuevo su voz – Papá, hoy he venido a llevarte con gente que te podrá ayudar, yo estaré contigo y también alguien más – Entonces detrás de él apareció un niño de cabello ondeado con ojos grandes y temerosos, se paró frente a mí, miró a mi hijo, mi hijo afirmó con su cabeza, entonces el niño con seguridad cogió mi mano y sonriendo me dijo … hola Abuelo.Desde ese día han pasado 6 años, vivo en casa de mi hijo, con su esposa y mi nieto. Luego de un largo proceso, que aún continua, durante estos 6 años no he vuelto a consumir bebidas alcohólicas, gracias a mi hijo, a mi nieto pero sobre todo porque yo lo decidí. Reconozco cada día que pasa, gracias a Dios he vuelto a ser padre y también soy… jajaja Abuelo
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