Como todos los fines de semana, Javier fue a visitar a
su hijo Diego de 17 años. Mientras esperaba que su hijo retorne de visitar a un
amigo, empezó a recorrer la casa que compartió tantos años con su familia. La
culpa y nostalgia de la separación invadían sus recuerdos.
Cómo olvidar la infancia
de Diego y el tiempo que compartía en sus juegos y rabietas infantiles. De
pronto ingresó a su habitación, abrió las ventanas, ordenó la ropa del piso y
tendió la cama. Al sacudir las sábanas residuos de hierba cayeron al suelo. La
intriga y la preocupación lo llevaron a revisar toda la habitación.
En los
bolsillos de una casaca encontró pastillas de diversos colores con figuras
grabadas. Refundido entre los zapatos halló dinero, documentos que no le pertenecían
y un par de relojes. ¡Dios mío! ¿En que se ha metido mi hijo?, exclamó.
