Siendo las 8:13 de la noche, sentada sobre mi cama, me pregunto por qué me
siento así. Ya son varios meses que no tengo ganas de algo: todo “me llega”. Casi
todo el tiempo estoy triste, las lágrimas me siguen a todos lados, ¡lloro hasta
cuando camino!
No puedo pensar en algo: mi mente vuela. Cuando trato de hacer las
tareas del colegio se me vienen ideas dispersas, ¡no puedo ordenarlas! El
cansancio me sigue casi todo el tiempo.
Escuchaba una y otra vez de mis amigos:
“Vamos a la playa”, “¡Vamos al cine!”,
“Hay una reu buenísima, ¡vamos!”. Hasta que un día se empezaron a alejar. Creo
que mi poca cordialidad e interés en sus actividades hizo que pensaran que no quería
estar con ellos. Pero no me importaba. Iba al colegio y todo me parecía
aburrido. No sabía qué me pasaba.