lunes, febrero 9

HOY RECORDÉ A UN AMIGO



Mi amigo Pipe jugaba fulbito y era delantero, se distinguía por ser el mejor jugador del equipo, por lo que muchos equipos se interesaron en tenerlo en sus filas. Fue así que empezó a entrenar para llegar a formar parte de uno importante y hacer que sus padres se sintieran orgullosos de él.
La madre de Pipe empezó a incomodarse cuando él faltaba a sus estudios, y al preguntarle, él le dijo que todo era debido a los entrenamientos, lo que la tranquilizaba y hacía sentir orgullosa como madre. Pero esas ausencias cada día se prolongaban más y su inasistencia al colegio empezó a ser notable. Fue cuando Pipe le dijo a su mamá que había decidido dedicarse por completo al fútbol y ser profesional, pero para ello era necesario abandonar los estudios. Su madre no esperaba tal decisión, pero lo apoyó. 
Pasó el tiempo y Pipe frecuentaba mucho la calle. Su madre entendía eso considerando que era parte de su preparación deportiva, pero un día una vecina le comunicó algo urgente: “Tu hijo está consumiendo drogas”. Ella no aceptó esta noticia y la sacó de su casa diciéndole: “¡Mentirosa!”, pues creía que todo esto era producto de la envidia de los logros de su hijo. Es en ese momento que Pipe llega a casa y es confrontado por la vecina: ¡Pipe, dile a tu mamá que estás consumiendo drogas!. Él se desplomó y con lágrimas en los ojos, dijo: "Mamá.. soy un drogadicto". Su mamá sintió que el mundo se le venía abajo ante la inesperada confesión y por la cólera le dijo: "No quiero drogadictos en mi casa, así es que te me vas de aquí ahora mismo". Pipe sin decir palabra y con lo que tenía puesto se fue de allí. Sin embargo todos los días regresaba a casa buscando qué comer y dónde dormir, pero su madre nunca le abría la puerta a pesar de que muchas veces lo encontró dormido en la entrada.
Pasaron meses y Pipe ya no volvió a casa, la calle se convirtió en su hogar y la droga en el centro de su vida. A veces la madre tenía noticias de su hijo por medio de las vecinas y amigos, que lo veían “vagabundear” por los barrios cercanos. En ocasiones ella veía pasar a una persona con capucha que se detenía al frente, mirando por unos segundos la casa. Quería pensar que era su hijo. En ella se mezclaban las ganas de salir corriendo a abrazarlo y la amargura por haber tirado a la basura todos los sueños de ser un gran futbolista. Sin embargo, por miedo y vergüenza, lo dejaba pasar. 

2 comentarios:

Guillermo Frank Chura Noriega dijo...

A ver, vamos a leer :D

Anónimo dijo...

Chevere! la historia, recordé también a un amigo : (

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...