lunes, agosto 24

ESPERO QUE AÚN ME QUIERAS , COMO YO TE QUIERO A TI. (1era Parte)


Ahorita me siento mal, me siento muy triste, me duele la cabeza y me duelen los ojos, tal vez sea por llorar. ¿Por qué me pasa esto a mí? Ya no quiero saber nada de él; no quiero salir de mi habitación, quiero quedarme echada en mi cama, sólo quiero dormir y que todo esto pase. ¿Por qué nos peleamos otra vez?, ¿Por qué me trata así?, ya no me comprende, ya no me quiere. 

Quizás sea mi culpa, no lo sé, pero tengo que reclamarle por qué me miente, yo lo sé. Me dice que “sale con sus amigos” o que “no le dan permiso para salir”, pero sé que se va a fumar marihuana y no quiere verme; eso me da pena y me decepciona, siento que ya no lo conozco.



Me pregunto ¿por qué me miente ahora?. Mi Julito no era así, yo recuerdo cuando me contaba que quería entrar a la universidad y sus sueños de ser profesional, también me contaba los problemas que tenía con su papá por su carácter y yo le aconsejaba que arreglara las cosas, porque a veces así son los viejos, pero al fin y al cabo son nuestra familia; y él luego me abrazaba, me sonreía y me agradecía por apoyarle y ser la mejor enamorada del mundo, la mejor que podría desear. Yo lo quería mucho y confiaba en él.

Me apoyo en mi almohada, cierro mis ojos y comienzo a recordar. ¿Cómo cambio todo?, fue tan rápido, desde que Julio entró a la academia y comenzó a juntarse con nuevos chicos; creo que así fue. Luego con la mirada fija en el techo de mi habitación espero una respuesta, pero no encuentro nada, ya no quiero estar triste y mejor pienso en otra cosa. Trato de retener en mi mente esos momentos cuando sonreíamos de felicidad y salíamos a pasear, a bailar en cualquier lugar, lo importante era estar juntos, pero ya no es así, no lo puedo cambiar aunque yo quiera.

Todo eso cambió, te volviste más renegón, me decías que te aburrías en tu casa y la academia, que ya no querías estudiar y eso me sorprendía. Por eso quise hablar contigo, para saber que te pasaba; y tú me confesaste que comenzaste a fumar marihuana con tus nuevos amigos, y que te sentías libre con ellos y diferente, y que no pasaba nada si la consumías a veces y que lo controlabas. Por un lado me sentía alegre por ti, porque te veía feliz, pero también tenía miedo de lo que podría pasarte, pero más que todo, tenía miedo de perderte y de que te olvides de mí ya que nos veíamos menos.

Luego los problemas empezaron, discutíamos con más frecuencia; me decías que no me querías, y maldecías el habernos conocido. Al día siguiente me buscabas y me pedías perdón. Varias veces, cogidos de las manos, me prometiste no volver a hacerlo, que ya no fumarías y yo te creía, volvíamos a vivir como antes, salíamos y nos divertíamos, lo más importante era estar juntos. Sin embargo, pasaban unas semanas y comenzabas a llegar tarde a las citas y tu ánimo cambiaba; yo te preguntaba si habías consumido y tú lo negabas. Yo sólo te miraba pero sabía lo que habías hecho, ya no estabas igual, estabas impaciente, aburrido, amargo y tus ojos tan bonitos, aún se notaban rojos por más colirio que usaras. El tiempo se iba llevando tus palabras.

Quisiera que todo esto sea un mal sueño nada más; y que cuando despierte me llames y me digas “Hola mi amor ¿Cómo estás?”, pero yo sé que al menos eso hoy no pasará.

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