jueves, septiembre 24

ESPERO QUE ME QUIERAS, COMO YO TE QUIERO A TI ( 2da PARTE)


Él me llamó y me dijo que me amaba; y el tiempo se detuvo un instante. Escuchar su voz me hacía tan feliz, sentía que mi cuerpo se estremecía y se erizaba mi piel como cuando me besaba y me tomaba de la mano. Y en ese breve momento volví a sonreír después de todos estos días tristes y que no nos pudimos ver. Pero cuando deseaba contestarle, sentí como todo se desvanecía poco a poco; y lentamente se borraba mi sonrisa, y con ella se iba mi alegría y mi fe. Al abrir mis ojos y despertar a mitad de la madrugada; era obvio que se trataba de otro sueño que comenzaba y otro día que terminaba y seguía estando lejos de él.

Durante el día, estando en casa, quería saber cómo estaba Julio, por qué no entraba al Facebook ni respondía mis mensajes del WhatsApp que le había enviado hace unos días. ¿Dónde estará?, ¿Se habrá olvidado de mí? ¿Ya no me querrá?, me preguntaba y suspiraba. 

Muchas veces pensé en ir a su casa, estaba ansiosa por ir a verlo y arreglar las cosas; pero el resentimiento luego de la última pelea fue mayor y no lo hice. Todas mis amigas me decían que lo dejara, que había varios chicos a los que les gustaba, pero en el corazón no se manda; yo necesitaba a Julio junto a mí. Hasta que en esa tarde por fin me llamó y sólo me dijo que quería conversar conmigo. Un mar de dudas se apoderó de mi mente. Y quería que las horas pasen y sea de noche para poder verlo. Llegó el momento y nos vimos en la playa, era una bonita noche despejada y no hacía mucho frío. Cuando lo vi, lo noté diferente y distante; pero eso no me importaba. Sus ojos bonitos ya no estaban rojos, es decir ya no estaba fumando marihuana, eso me ilusionaba, me hacía sentir muy contenta y alegre y solo quería creer que todo iba a cambiar.

Me hablaste de muchas cosas que pasaron en estos días, tus padres encontraron la marihuana en uno de tus pantalones y en tu habitación, tu papá quiso pegarte y botarte de la casa pero tu mamá te defendió. Esa fue la gota que derramó el vaso en la relación de ambos, tu mamá quería llevarte vivir con su familia al norte. Mientras me contabas todo, fue la primera vez que te vi llorar, nunca antes te había visto así, y se me rompió el alma. Me decías: “Te necesito ahora conmigo, no sabes cuánto Jimena, pero tampoco quiero herirte, siento que todo esto es por mi culpa, no sé qué hacer, quisiera irme pero mi mamá está devastada no puedo abandonarla”. “Hoy día me voy de viaje con ella, por eso quise verte para despedirme”, “perdóname por todo lo que te hice”, “Te voy a recordar todos los días, te quiero mucho”.

Comencé a recordar rápidamente todos los momentos que habíamos pasado juntos; y lo abracé tan fuerte, porque sabía que tenía que irse y yo no quería, que deseaba que ese momento se detuviera en el tiempo y él esté conmigo para siempre. Mientras caminábamos por la playa, yo seguía llorando aunque me decías que sólo sería por unas semanas, hasta que todo se calme y tus papás se reconcilien. Nos prometimos seguir comunicándonos. Y también me prometiste, al igual que a tu mamá, que no volverías a fumar, que buscarías la forma de controlarlo.

Yo pensaba en que pasaría ahora, y a pesar de estar con él me sentía tan sola, como si me faltara algo, y mi mente se preguntaba ¿Se solucionarán sus problemas?, ¿Acaso tendremos un futuro juntos?, ¿Volverá por mí?; mientras nos alejábamos de la playa le pregunté ¿Cómo te ves de aquí a un año?; me miró fijamente y dándome un beso en la mejilla, me susurró al oído “contigo”.

Eso fue lo último que me dijo antes de despedirnos. Ahora yo sé que tú me quieres, pero yo me noto diferente, ahora yo siento que te amo. (Continuará…)

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